MAESTRO

“La bravura arrolladora del toro es incomodidad, el toreo técnico comodidad. Bravura de ambos es llegar a la armonía de lo infinito.

¿Quién se atreve a buscar esa profundidad? Quizás los incomprendidos, el llegar de pronto quizás sea lo más fácil, pero buscar el arte en las entrañas de los personajes, son muy pocos lo que lo consiguen”.

José Ortega Cano

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Escenas de un ritual

 

Caballos, toros y toreros marcados por la libertad, la disciplina y el arte.

 

Un círculo divino.

 

Estas obras son un acto de amor.

 

Amor hacia ese universo ritualizado, fascinante, teatral y atávico que encarna el toreo. Una ceremonia que participa por igual del saber del espectáculo, del rito y de la liturgia.

 

El colorido de las imágenes se despliega en un arcoíris de tonos y matices.

 

Dentro de esta rica escala hay, sin duda, un color que sobresale: la noble estirpe del rojo. Todas sus palabras (carmesí, púrpura, granate, bermejo, escarlata, cárdeno, tinto, arrebol…) se derraman por ellos como un vino añejo.

 

Rojo en la sangre, rojo en el clavel y la rosa, rojo en la muleta, rojo en el corazón palpitante.

 

Esta obra persigue recrear la ceremonia de esta fiesta que, como bien escribe Javier Guzmán, consiste en un diálogo perenne entre lo apolíneo, el torero, y lo dionisíaco, el toro.

 

“Andalucía por dentro es oro y plata, para ti Peter el oro más puro y la plata más fina, y tú el más sensible de los orfebres”.

 

José Ortega Cano

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